Español: ¿Quién es „el extranjero“ en la época de la globalización?

Dentro de 24 horas necesitamos volar de Europa a Nueva Zelanda, nos mandan productos, hechos en China, en pocos días con un envío express, nos comunicamos con amigos que viven en otras partes del mundo en tiempo real. Estudiantes se jactan de su experiencia internacional y se vanaglorian de sus viajes como trotamundos de manera convincente. La tan famosa generación Y está orgullosa de vivir en un mundo unido – nuestro mundo conectado. Ininterrumpidamente, indagamos no solo las viejas estructuras jerárquicas, sino también los roles tradicionales de género. Exigimos la posibilidad de movernos a nivel mundial absolutamente libres y la apertura de fronteras nos lo permite. Pero al mismo tiempo me pregunto ¿cómo puede ser que existan tendencias políticas de la extrema derecha en Europa? ¿Puede ser que por un lado queramos esa libertad de movilidad absoluta, pero por el otro no permitimos que nuestra identidad nacional se ponga en riesgo dando la bienvenida a “los extranjeros”…?

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Aprovechamos las ventajas de la globalización

La perspectiva decide

¿Ves la contradicción? La perspectiva “correcta” nos ayuda a ocultar la paradoja. Puesto que la pregunta es ¿qué principios distinguen al inmigrante y al habitante nativo? Con nuestra seguridad en uno mismo (del oeste) justificamos que un Estadounidense que vive y que trabaja en China no es un inmigrante. ¿Cuál es la delimitación jerárquica? La respuesta suele ser fácil y cruel. Es una sociedad en la que un Europeo o un Estadounidense que vive fuera de su país se califica como Expatriate, es decir, una persona que abandona su patria. Sin embargo, un “Russlandsdeutscher” (una persona étnicamente alemana, nacida en Rusia) que regresa después de casi tres siglos a la patria de sus antepasados, sigue siendo un inmigrante. Imagínate la siguiente situación: un académico africano que trabaja como médico cirujano en un hospital provincial al sur de Alemania. ¿Es un Expatriate o un inmigrante?

Palabritas que cambian todo

No importan las razones, si son profesionales o para mejorar las condiciones de vida, la definición dice que un Expatriate abandona su patria; eso implica que él o ella aprovecha la globalización para conocer el mundo y para ampliar sus conocimientos culturales, profesionales y personales. En cambio, un inmigrante que inmigra, deja atrás su hogar, cruza una frontera, cargando las tintas: ósea, está invadiendo. Mientras la palabra Expatriate tiene una connotación positiva, las palabras del extranjero o del inmigrante conllevan algo negativo.

Parece paradójico que los seres humanos aprovechen las ventajas de la globalización. Ellos quieren conocer lo ajeno, pero al mismo tiempo bajo ninguna circunstancia quieren perder su propia identidad (sea la nacionalidad, sus tradiciones, su religión…). Dicha delimitación lingüística legitima lo que al principio sonaba contradictorio, ya que la categoría estereotípica menciona:

  • Expatriate: un miembro intelectual, trabajador y de piel blanco de la sociedad productiva; y
  • inmigrante: un refugiado, una víctima de la guerra, buscando una vida mejor.
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„Se acepta lo extranjero hasta parecer exótico y culturalmente interesante…“

No es nada nuevo, el fenómeno del miedo a lo extranjero; es un problema de toda(s) la(s) sociedad(es). La diferenciación mencionada previamente permite a las personas de países industrializados del oeste, no considerarse como extranjeros. Simplemente no lo son. Nadie debe tener miedo de que ellos invadan su hogar, porque ellos vienen de un sistema judicial con valores sociales y democráticos. Se esconden detrás de una pseudo-tolerancia, en la que se acepta lo extranjero hasta parecer exótico y culturalmente interesante y hasta que no amenace la paz. Sin embargo, en cuanto indagamos esa visión del mundo tolerante, descubrimos otra paradoja: gobiernos y empresas de países económicamente avanzados penetran en culturas extranjeras, por ejemplo cuando imponen las ideas democráticas a los estados árabes o cuando infiltran sus métodos capitalistas en el continente africano. Los nuevos medios de comunicación, tanto el internet como las redes sociales, difunden la visión del mundo occidental de manera global – beneficiando sus ingresos económicos, como lo muestra el aumento de las exportaciones de ciertos productos, por ejemplo: cremas para blanquear la piel en América Latina.

Necesitamos una nueva terminología

Muchas veces la propia identidad se ha creado por una mezcla de diversas culturas. “Qué tan alemán te sientes?” Es una pregunta bien famosa durante todo el discurso sobre los refugiados. Sentirse alemán… supongo que un italiano, cuya familia vino a Alemania hace tres generaciones de Italia para trabajar, puede sentirse alemán también, no? (Observación: incluso tenemos una palabra para dichas personas: Gastarbeiter. No encontré ninguna traducción adecuada. Son trabajadores que fueron invitados por el gobierno alemán para trabajar en nuestro país después de la guerra con el objetivo de reconstruir la belleza de nuestras ciudades.) O ¿no es posible que un musulmán árabe haya adquirido la ideología europea?

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“Qué tan alemán te sientes?”

Gracias a cursos de integración y de idioma ahora es un poco más fácil para los refugiados entender nuestro pensamiento. Me imagino que es difícil llegar a un país y cambiar tu forma de pensar totalmente, y no creo que sea posible. De la misma forma, lo veo en mi caso , seguimos siendo cómo nos educaron y criaron nuestros padres, nuestra sociedad.

Quiero que quede clara una cosa: la terminología nacionales y extranjeros está ligada a un estado, a una nación. Una propuesta menos xenofóbica y más realista sería un cultural o un no-cultural. Ahora bien, por un lado por nuestra historia vinculada existe la cultura alemana afuera del país, específicamente en Alsacia y en Silecia (área frontera Francia-Alemania y área frontera Polonia-Alemania), y por otro lado, una familia Gastarbeiter con pasaporte italiano puede ser alemana, también.

Delimitación y estereotipos por medio del lenguaje

La cultura se transmite a través del idioma. Si un grupo de personas tienen un idioma común y están en conjunto, tendrán un punto de vista igual acerca del mundo.. Por ejemplo, los kuna un grupo indígena de Panamá no tienen palabras para denominar el dinero o el tiempo. Estos conceptos no existen en su mundo, por lo tanto tampoco en su vocabulario… ahora ¡imagínate nuestro mundo occidental sin dinero ni tiempo!

Regresando a los Expatriates: un alemán trabaja en México sin hablar español y no entiende por qué los empleados mexicanos – que trabajan en una empresa alemana (ubicada en México) – no hablan alemán. El resultado es que uno no entiende al otro, llegando a un punto de malos entendidos

  1. Aprender un nuevo idioma es el primer paso para superar las fronteras culturales,
  2. En el segundo paso, hay que elaborar un plan de entendimiento de la nueva cultura e intentar integrarse – sin perder su propia identidad, sino ampliarla.
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Los kuna no tienen palabras para denominar el dinero o el tiempo

Observación: Más información acerca de las consecuencias de la globalicación para el ámbito cultural en el artículo „New Pathways to understanding“ del Goethe-Institut:

Overcoming boundaries is not just a mission faced by nations, but also by societies, explained political scientist Wolfgang Merkel […]

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imagenes: unsplash| mcml-xxxiii-steal-my-_-_-art; pexels| PALOMA Aviles; privat | mexikanischgeplant.

Traducido por mexikanischgeplant, revisado por Laura, Maestra de idiomas y profesora de inglés, francés y español.

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